Las razones físicas condicionan, en principio, la valoración de la actividad política.
La Lipotimia de Estado, tan perceptible en el primer plano, debería ser tratada con menor frivolidad.
La vulnerabilidad de la salud presidencial coincidió, llamativamente, con el inicio de las vacaciones de enero.
Hasta el dramatismo personal de la tiroides estuvo manejado con la tradicional capacidad para la improvisación.
La ausencia del cáncer, que debió ser una noticia celebratoria, derivó en otra sospecha de falsedad innecesaria.
El marco del sinceramiento económico también debiera celebrarse. Pero remite a la otra corrección que, en la práctica, no se asume. La explicitación del desperdicio de nunca menos de cinco años de crecimiento espectacular. Sirvieron, tan sólo, para alcanzar el agotamiento de los recursos.
Un énfasis en el desperdicio que, por otra parte, no debiera asombrar a nadie.
Si en Santa Cruz se las ingeniaron para dilapidar mil doscientos millones de dólares, para desembocar en la desolación atroz de la provincia desamparada, no existe el menor derecho a la sorpresa porque se les haya acabado el dinero.
Fue horriblemente derrochado. Con una gran vocación por el desperdicio (con o sin énfasis).
Para que hoy Moreno, el funcionario más popular entre los Kirchner-cristinistas, tenga que esmerarse en conseguir dólares. Como sea. Hasta el borde del papelón institucional. O el extremo apretador del ridículo.
Hasta convertir, en un magnífico calvario, el aburrimiento capitalista de la exportación e importación.
O dar por fenecidos los acuerdos preexistentes que distintos empresarios supieron oportunamente entablar con el marido muerto. Que admitieron la concepción del “capitalismo de amigos”. Se terminó. Ya no queda casi capitalismo. Ni amigos.
En estos 60 días de gracia que finalizaron, con el marco del sinceramiento económicamente autodestructivo, pudieron registrarse cuatro episodios que mantuvieron repercusiones conmovedoras.
1.- Los trágicos juegos de manos y de cintos del infortunado Ivan Heyn. La ceremonia se impuso como el máximo emblema de presentación del colectivo político dominante (Agencia de Colocaciones La Cámpora). Reflejo de una interpretación manualmente adolescente del poder.
2.- El asesinato del gobernador Carlos Soria.
3.- La maltratada tiroides de Cristina. Se suma a la Lipotimia de Estado. Alude al sentimiento de responsabilidad de los hijos, que enfrentan, estratégicamente, el riesgo del segundo error.
4.- La insolvencia moral del vicepresidente Amado Boudou. Deriva en la exhibición pública del máximo error de Cristina. Consistió, simplemente, en designarlo.
Aunque hoy lo maltrate delante de testigos. O haya cometido el desliz de facturarle por televisión, la vulgaridad del “yo te puse”.
Cualquier cronista indaga, tardíamente, entre las obscenidades que los visitantes del portal pudieron conocer con dilatada antelación.
Si la señora Hebe de Bonafini -estragado ejemplo ético de la impostura-, no tuvo otra alternativa que entregarlo a Sergio Schoklender, cuesta explicarse que la Presidente digiera, muy tranquila, el trago Boudou. La cicuta cotidiana de seguir acompañada por un muchachón simpático, que decidió no quedarse afuera de ningún negocio. Es otro desperdicio con énfasis.
Si Cobos fue un error del marido muerto (que pierde vigencia), y se lo reprochaba, el error de haberse auto-asignado a Boudou debe atribuirse, apenas, a Cristina.
A la soberbia que conduce, precipitadamente, hacia el desprestigio.
Lipotimia de Estado, más Insolvencia Moral, son dos categorías que conducen, invariablemente, a centrar la atención en la senadora Beatriz Rojkés de Alperovich. Es la Presidente Provisional del Senado. Segunda en el escalafón.
Antes, o acaso después, de los primeros dos años de mandato. Despuntan como otra eternidad.
Tema para el debate televisivo de los constitucionalistas.
Carolina Mantegari
Redacción Final, sobre informe
evaluativo de Consultora Oximoron
para JorgeAsisDigital.com
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