
“Los chicos de YPF no se dieron cuenta de que son una concesión. Vamos a dar debate sobre el costo del barril de petróleo. ¿Será de u$s 70? ¿Y si es menos? Vamos por un gran debate público”. La frase corresponde al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno y fue pronunciada el viernes en una reunión que mantuvo con unos 200 empresarios en el marco de las nuevas reglas del comercio exterior.
Más allá de las sutilezas, poco frecuentes en el lenguaje del plenipotenciario funcionario K (en la práctica, el precio del barril más caro del país ronda los u$s 70, pero su costo está muy por debajo), deja traslucir uno de los motivos sustanciales que explican la cruzada del Gobierno contra YPF. Moreno no acepta que mientras su cartera intenta defender la salida de dólares mediante el freno a las importaciones, las compras de energía en el mercado externo treparon 110% en 2011 y dejaron una herida notable en la balanza comercial. Su intención, ahora, es que la empresa pague por la caída en la producción de petróleo y gas, que obligaron a aumentar importaciones. No es una idea improvisada. En diciembre, el fortalecido titular de Comercio Interior envío a las principales petroleras, con YPF a la cabeza, una enorme planilla para completar con datos sobre sus costos, publicó El Cronista. En el sector privado suelen mostrar sorpresa cada vez que se les pregunta sobre la avanzada de Moreno y del Ministerio de Planificación, a cargo de Julio de Vido, que redobló la presión sobre las empresas para que aumenten inversiones. “¿Recién se dan cuenta?”, es el comentario que repiten con respecto a la menor extracción. La merma en la producción de crudo y gas no es nueva, sino un dato que acompañó a toda la gestión kirchnerista, desde Néstor hasta Cristina. Es un dato estadístico refrendado incluso por los números oficiales (la Secretaría de Energía, al mando de Daniel Cameron, tiene números que gozan de mayor prestigio que los del Indec).