Hay más de 23 millones de personas sin cloacas


Según datos que maneja la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 58% de la población carece de tendido cloacal y convive con sus excrementos de maneras denigrantes e impensadas

 (una cifra muy por encima de la recomendada por la OPS, que sugiere que un país digno no debe tener más del 10% de su gente en esas condiciones). El lenguaje burocrático se refiere a ellos como “no usuarios”. Pero la realidad es más cochina: hay 23.200.000 personas que deben arreglarse como puedan –haciendo y pagando excavaciones, tendiendo caños, vaciando pozos– para no quedar tapadas por su propia caca.

Blanca Chávez, 56 años y vecina de Malvinas Argentinas desde hace dieciocho, perdió medio pulmón por culpa de los “desarreglos líquidos” del municipio. El suyo es uno de los tantos ejemplos de lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) dio en llamar “enfermedades de transmisión hídrica”: problemas que acometen a los más de 23 millones de argentinos que –como el 61,3% de los pobladores del conurbano bonaerense– viven en zonas sin tendidos cloacales ni aguas saneadas. Las enfermedades hídricas son varias, pero entre ellas están la gastroenteritis, la diarrea, la fiebre tifoidea, la malaria, los hongos en la piel, el cólera, la poliomielitis, las parasitosis, la osteoporosis, las hepatitis A y E, y las infecciones respiratorias. En este último ítem entra el problema de Blanca Chávez: el 26 de agosto pasado –luego de tres operaciones– le cortaron medio pulmón, porque estaba perforado por la humedad del ambiente. A su hijo de doce años también le fue mal, aunque no tanto: lo internaron dos meses porque le encontraron agua en el pulmón. “Cada vez que llueve se nos mete ese agua inmunda en los colchones –cuenta–. La última vez hasta me rompió la heladera. Y cuando fui a quejarme al municipio me dijeron ‘saque la heladera al sol que se le arregla sola”.

Un derecho humano básico
Eduardo Mondino (Ex defensor del Pueblo)

El acceso al agua es un derecho humano básico. Es un recurso estratégico que desplazará en el futuro a otros que han sido motivo de grandes conflictos. La sola mención del derecho no alcanza si no existe el compromiso de posibilitar ese recurso. Pensemos por un momento que 1.100 millones de personas carecen de agua en el mundo y que 2.600 millones de personas carecen de saneamiento, es decir que no acceden a aguas potables ni tienen cómo sanear sus desechos. En nuestro país, hay localidades donde el agua está muy lejos, o tiene presencia de importantes volúmenes de nitratos y arsénicos. Eso puede ser letal. Una de cada cinco muertes evitables por enfermedades infecciosas está vinculada con el agua, dicen las Naciones Unidas. En el año 2025, dos tercios de la población de la Tierra sufrirán la falta de agua, de niveles moderados a severos. Por esto, es urgente que los gobiernos garanticen el saneamiento hídrico con acceso universal, en las condiciones adecuadas para el consumo de los seres humanos. En ese sentido, estoy convencido de que hay que encontrar para esta sociedad moderna un nuevo modelo de Estado. Ya no nos sirve el Estado paternalista que hace de todo ni el Estado ausente que no hace nada. Ni el Estado piramidal, que se plantea como una referencia única. Hay que ir a la búsqueda de un Estado que sea capaz de incorporar en su gestión a la gente, a la sociedad civil. Si los escuchamos, será más fácil encontrar las soluciones.(Critica Digital)



Comentarios Imprimir Enviar por correo

 
Banner

¡Creé que la inseguridad se incrementó en Pico Truncado?